El fin de la memoria: el pastor y la brujis

Recibir una llamada a ella le resultó encantador, porque cada vez que él la contactaba su mente se llenaba de hermosos recuerdos, graciosas bromas y cero presión mutua. En esta ocasión, sin embargo, que la llamada fuera hecha para otorgar aviso de que le había sido enviada una encomienda y que su retiro tendría que hacerse en pleno centro de la ciudad -en lugar de ser recibida en casa- le resultó inesperado. No hizo preguntas para no molestar, pero tampoco planeó apresurarse en acudir. Sin embargo, a la mañana siguiente, aunque al despertar no recordaba sueños ni pensamientos, sintió un fuerte impulso. Así que partió. De inmediato.

Una vez allá, pese a que asumía que sería parte de una larga fila, al llegar al local pudo entrar de inmediato y realizar el retiro sin ningún contratiempo. Al volver a la calle tuvo claro que disponía de tiempo adicional y, aunque no lo había planeado, optó por pasar a una tienda a ver si podía conseguir algo que sentía ya debía haber renovado. El espacio era tan amplio y había tantas cosas disponibles que, tras revisar sin detalles todas las alternativas -colores y tamaños-, logró dar con un paquete que asumió contenía lo que buscaba. Y al salir se habían movido las nubes y la luminocidad había subido, por lo que caminar de vuelta a casa con ambas cosas le resultó grato, pese al habitual y complejo otoño del sur.

Una vez de vuelta nuevamente recibió una llamada y no le quedó otra que abrir el obsequio recibido. Quedó… pasmada. Ese abrigo de chiporro lucía tan inesperado, que, aunque no lo había visto nunca en toda su vida, no se negó a ponérselo, tomarse una selfi y enviarla de muestra para confirmar la extraordinaria sorpresa. Pensó en manifestar su asombro, pero no lo hizo; sólo expresó diversión y simpatía por el inesperado «pastoreo del pastor» y lo guardó en su mente… Una mente que quedó desconcertada al abrir el paquete del cubrecama y descubrir que ambos objetos añadidos a su vida, por uno y por otra, sin acuerdo previo y en una misma fecha, eran prácticamente lo mismo: el mismo material, el mismo color, el mismo aroma.

Gracias infinitas, pastor de mi corazón. Firma: la brujis.

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En Patagonia
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