Población de la luz, de Eduardo Galeano

Catalina tenía muchos amigos visibles, pero no eran portátiles.

En cambio, los invisibles la acompañaban a todas partes. Ella decía que eran veinte. Más no sabía contar.

Fuera donde fuera, iba con ellos. Los sacaba del bolsillo, los ponía en la palma de la mano y con ellos conversaba.

Después les decía chau, hasta mañana, y los soplaba hacia el sol.

Los invisibles dormían en la luz.

(2004 – Bocas del tiempo)

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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