Moral y buenas costumbres, de Eduardo Galeano

La encerraron en una habitación, atada a la cama.

Cada día entraba un hombre, siempre el mismo.

Al cabo de algunos meses, la prisionera quedó embarazada.

Entonces la obligaron a casarse con él.

Los carceleros no eran policías, ni soldados. Eran el padre y la madre de esta muchacha, casi niña, que había sido descubierta cuando se estaba besando y acariciando con una compañera de estudios.

En Zimbabwe, a fines de 1994, Bev Clark escuchó su relato.

(2004 – Bocas del tiempo)

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En Patagonia
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