El fin de la memoria: la laguna azul

Siempre fue madura y decidida, algo que con frecuencia causaba disturbios en su familia, excepto frente a su padre. Él no se involucraba en los detalles diarios de su crianza -algo propio de su generación, pero también debido al límite de su disponibilidad por deberes laborales-, pero sí en la toma de decisiones relevantes e incluso en el respaldo de acciones controversiales. De no haber sido así, él no habría accedido a llevar a su hija al cine el día que Paddy sube a los niños a su bote salvavidas y los socorre a la deriva. Y es que ella aún no cumplía la edad límite para acceder a esa intrigante película, por lo que, de no haber sido acompañada por su padre, no habría podido hacer fila en la entrada, ni habría llegado nunca a ver a su padre por primera vez expresar asombro por el inesperado avance de la historia. Expectación silenciosa, sin embargo, sólo evidente por el estupor que evidenciaban sus ojos y por el giro que daba hacia su nena, pendiente de sus reacciones. Nunca abordaron los tabúes de los que fueron testigos y la vuelta a casa fue mutismo y apego, modalidad que sólo se rompió una vez en sus vidas, largos años después, algo que nunca en su afectuosa historia común se repitió.

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En Patagonia
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