El fin de la memoria: el Gato

Nuestra familia no era gatuna en esos años, pero “el Gato” circulaba por nuestra casa todo el tiempo. Y es que tampoco éramos aún bilingües, por lo que identificar al fantástico artista denominado “Cat” Stevens por su novia -debido a sus “ojos de gato”, según cuenta la leyenda- era, para todos, un reto. Ello debido a que la joven tía que vivía con nosotros en esos años era tan adepta a su admirable música y encantadora voz, que a nosotras no nos quedaba otra que pasar las tardes invadidas por ♫ Wild world, sin idea alguna de qué se trataba. Y a ello, sumado el póster que yacía en el muro tras su cama; o, mejor dicho, camarote, pues nuestra infancia y su juventud compartían todo lo propio de nuestras vidas.

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En Patagonia
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