Auto-geografías, de María José Navia (fragmentos)

1

Los va contando de a uno para que no se le pierdan.

Uno en la rodilla izquierda (morado, pero no duele tanto); uno debajo de una costilla (algo verdoso, duele un poco más); varios en los brazos (que disimula bajo las mangas de la camisa) y un par de tajos en la espalda.

Los tirones de oreja no puede contarlos.

Fueron muchos.

Nni las veces que lo dejaron encerrado en el laboratorio de química.

Quince en total. Moretones, como le dicen en Chile. Cardenales, como se usa en España. Aunque a Ramiro la expresión le causa gracia; le recuerda a los pájaros.

Pero estos cardenales no salen volando… por mucho que él lo intente. Hay que esconderlos por días, semanas incluso.

Estos pájaros duelen.

5

¿Quién nos mintió tanto? ¿Quién nos dijo que las historias tenían un principio, un medio y un final? ¿Quién nos mintió tanto?

Es lo que piensa ella mientras busca las palabras para dar la noticia. Sabe que las causas y efectos jamás lograrán calzar del todo.

Por mucho que lo intente.

Una tragedia nunca puede contarse en orden; las piezas se desbaratan unas a otras; una tragedia no acepta ni respeta fronteras; lo invade todo, lo ensucia todo con su amargura de brea.

Una tragedia puede leerse en el orden que uno quiera.

Siempre duele.

(2012 – .cl Textos de frontera)

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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