No ahondes, de Alberto Moravia (fragmento)

“Los maridos se ocupan de la oficina o del negocio o quizás no se ocupan de nada, pero salen con los amigos. Sin embargo, para mí, mi oficina, mi negocio, mis amigos eran Agnese. No la dejaba sola ni un momento, estaba junto a ella -quizás les sorprenda- hasta cuando cocinaba. Tengo pasión por la cocina y cada día, antes de las comidas, me ponía el delantal y la ayudaba a Agnese en la cocina. Hacía de todo un poco: pelaba las papas, separaba los porotos, batía, vigilaba las ollas. La ayudaba tan bien que ella, a menudo, me decía: “Mira, encárgate de todo… que me duele la cabeza… voy a recostarme”. Y entonces cocinaba solo y, con la ayuda del libro de cocina, era incluso capaz de lograr platos nuevos. Es una pena que Agnese no fuera golosa, más bien en los últimos tiempos se le había ido el apetito y, a veces, ni siquiera tocaba la comida. Una vez me dijo, así en broma: “Te equivocaste al nacer hombre… eres una mujer… más bien una matrona”. Debo reconocer que en esta frase había algo de verdad: de hecho, además de cocinar, me gusta lavar, planchar, coser y, a veces, en las horas de ocio, bordar pañuelos. Como dije, no la dejaba nunca: ni siquiera cuando venía a buscarla una amiga o la madre, ni siquiera cuando se le ocurrió, no sé por qué, aprender inglés. Para estar junto a ella, me avine incluso a aprender esa lengua tan difícil…

…Pensando en esas cosas y siempre preguntándome en vano por qué Agnese me había dejado, había llegado al negocio de mi padre… Le dije, jadeante:

-Papá, Agnese me dejó.

Él levantó la vista y me pareció que bajo los bigotes sonreía, pero quizás fue una impresión. Dijo:

-Lo siento, realmente lo siento… ¿y cómo sucedió?

Le conté cómo se había mrchado. Y concluí:

-En verdad, me disgusta… pero sobre todo quisiera saber por qué me dejó.

Él me preguntó, perplejo:

-¿No lo entiendes?

-No.

Se sentó un momento callado y luego dijo con un suspiro:

-Alfredo, lo siento, pero no sé qué decirte, eres hijo mío, te mantengo, te quiero mucho… pero en tu esposa debes pensar tú.

-Sí, pero ¿por qué me dejó?

Meneó la cabeza:

-En tu lugar no ahondaría…”

 

(Cuentos romanos, 1954)

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
Esta entrada fue publicada en Debilidades y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s