Tristessa, de Jack Kerouac (fragmento)

“Cuando ya no tienes cuentas con el Nirvana no existe algo así como lo “inconmensurable”, pero los tumultos de gente de San Juan de Letrán son realmente inconmensurables… Me digo: “Contabiliza todos estos sufrimientos de aquí al final del cielo infinito, donde termina, y ve qué cantidad puedes agregar para impresionar al jefe de las Almas Muertas de la Fábrica de Carne de la ciudad, Ciudad, CIUDAD, donde arremolinados en las calles a las dos de la mañana, debajo de esos cielos imponderables, todos sufren y nacen para morir”… El enorme e infinito espacio del Valle de México alejado de la luna… Vivir para morir, hay una triste canción acerca de esto que a veces escucho en mi cuarto de azotea del distrito del Tejado, ubicado en la parte más alta, con velas, esperando el Nirvana o a Tristessa… Ninguno viene… a mediodía escucho La Paloma emitida por radios mentales al final del camino a través de las ventanas de las casas… El muchacho loco de la puerta de junto canta, el sueño se realiza ahora, la música es demasiado triste, se duelen los cornos franceses, sollozan los violines altos y el locutor indio-español deberratarra-raratarara. Vivir para morir, esperando en el anaquel, mientras arriba en el cielo, arriba de mi puerta, está un dorado y abierto caramelo… El cielo es el Sutra del Diamante.”

 

(1960)

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En Patagonia
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