La oscuridad

Sonríe mientras avanza por el muelle y lee los nombres de las embarcaciones. La suya le espera al final de la plataforma. La reconoce desde lejos, quizás porque atardece y la luz aún brilla sobre el casco blanco o quizás porque las velas recogidas no esconden los dibujos que hace un tiempo se han instalado en su mente. Cuando llega al final del andén, se detiene; el viento que llega del Norte ha traído una nube oscura que por segundos arroja goterones sobre el agua. Observa las salpicaduras que caen sobre el malecón y las ve disolverse y desaparecer apenas el sol reaparece. Sigue de espaldas al velero, pero aún sin mirar sabe que un brazo se ha extendido hacia ella. Gira, alarga su mano, se aferra y salta.

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En Patagonia
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