Un hombre, de Oriana Fallaci (fragmento)

“No dijiste que iríamos a Egina; dijiste sólo a una isla. Tampoco yo te pregunté a cuál: me dejaba conducir por la felicidad como una hoja batida por el viento. El barco acababa de zarpar, nos hallábamos en el puente y yo miraba encantada la proa que surcaba las aguas levantando abanicos de espuma. Entonces salió a la superficie un delfín. Me agarré de ti gritando: “¡Los delfines! ¿Ves los delfines?”. Me repuso una voz neutra: “No veía nada, me alojaba arriba en el puente de mando”. “¿En el puente de mando? No comprendo, Alekos ¿De qué hablas?”. “Hablo del día que me llevaron a Egina para fusilarme” Y, pronunciadas estas palabras, te encerraste en un mutismo que excluía cualquier acercamiento o necesidad de compañía. Sólo volviste a abrir la boca al desembarcar, para empujarme a un taxi y dar al conductor una dirección que no comprendí. El taxi se puso en movimiento, abandonamos en silencio el centro habitado y en silencio llegamos a una carretera que subía, desierta, bordeada de cactos, luego de olivos, a continuación de pistacheros y después nuevamente de cactos. Aquí y allá se divisaba un chalecito, una casa encalada o una capillita con un ícono negro. “¿Adónde vamos, Alekos” “Allá arriba”. “Allá arriba ¿dónde?”. “Allá arriba”. No había manera de penetrar la misteriosa barrera tras la cual te habías aislado.”

 

(1979)

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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