La oscuridad

Le escucha escurrirse por el balcón que une las habitaciones intentando no hacer ruido, pero el jolgorio de la velada ha dejado su huella. Arropada bajo capas de lana chilota puede oírlo deslizar el ventanal y avanzar hasta el baúl que intermedia con su cama. Se mueve para hacer espacio y junto a ella se instalan unos pies fríos por la humedad del jardín. La tibieza del cuerpo prevalece sobre las sombras. Al clarear, el afuerino se escabulle de vuelta a su vida. Las bandurrias celebran allá arriba, en la copa del ciprés.

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En Patagonia
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