El perseguidor, de Julio Cortázar (fragmento)

“-¿Qué querías encontrar, hermano? -le digo-. No hay que pedir imposibles, lo que tú has encontrado bastaría para…

-Para ti, ya sé -dice rencorosamente Johnny-. Para Art, para Dédée, para Lan… No sabes cómo… Sí, a veces la puerta ha empezado a abrirse… Mira las dos pajas, se han encontrado, están bailando una frente a la otra… Es bonito, eh… Ha empezado a abrirse… El tiempo… yo te he dicho, me parece, que eso del tiempo… Bruno, toda mi vida he buscado en mi música que esa puerta se abriera al fin. Una nada, una rajita… Me acuerdo en Nueva York, una noche… Un vestido rojo. Sí, rojo, y le quedaba precioso. Bueno, una noche estábamos con Miles y Hal… llevávamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices… Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba… Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie… No exactamente alguien… Mira la botella, es increíble cómo cabecea… No era alguien, uno busca comparaciones… Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?…”

 

(1959)

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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