El ombligo

Comenzó a desvestirla visiblemente nervioso. Había viajado por todo el mundo y su trabajo consistía en lucubrar los requiebros de la razón, pero llevaba tanto tiempo solo que ya no recordaba la tibieza de la piel de otro y el simple sonido del timbre le había sobresaltado. Como un muchacho inexperto, tras la conversación y el vino había dejado que ella le soltara el cinturón y levantara su camisa con movimientos suaves y pausados. Ella se había detenido y le había mirado a los ojos otorgándole el permiso que entendía él necesitaba para proseguir. Se sentía inseguro frente a la joven relajada que tenía adelante. Había tantas razones para no continuar, pensaba mientras se sentaba en la cama y observaba el vientre de esa mujer que podría ser su hija.  Desabotonó los jeans inmerso en su discusión mental, hasta que se encontró de frente con el encaje antiguo, inesperadamente femenino, y la mirada tierna al levantar los ojos.

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En Patagonia
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