Mala onda, de Alberto Fuguet (fragmento)

“… Había varias personas en su fila. Me puse al final. No tenía apuro. El tipo no tendría más de veintitrés años, deduje, y tenía pinta de huevón del barrio alto que cagó y tuvo que casarse apurado. Mientras él contaba billetes, vi su argolla: estaba en lo cierto. El nudo de su corbata, me fijé, estaba mal hecho. Esto me tranquilizó.

– Buenos días – le dije, y le pasé el cheque.

– Tu carnet, por favor. Se lo pasé y ni siquiera dudó. Anotó mi número atrás, me hizo firmarlo cruzado y lo timbró. Después contó los billetes.

– Un buen regalo, ¿no?

– Sí – le dije -. Mi padre me lo dio para mi viaje de estudios. Aún tengo que comprar los dólares.

– ¿Y a dónde vas?

– Vamos a Rio.

– Yo también fui a Brasil.

– ¿Y cómo es?

– Nunca lo pasé mejor en mi vida. Se pasa de puta madre.

– Buena onda.

– Aquí está. Gástalos bien. Y anda a Ipanema. Ahí está todo pasando.

– Gracias. Te pasaste. En serio.

Agarro el fajo de billetes. Casi le dejo una propina, pero me pareció desubicado. Me dio pena mentirle. Eso de que se acordara de Rio y se proyectara en mí me deprimió. Debía jurar que estoy en la cresta de la ola de mi vida, en el peak de mi juventud o adolescencia, que no sólo tengo edad y energía y salud sino además un padre con plata que me quiere y me da regalos en efectivo.”

(1996)

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En Patagonia
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