La memoria de la lluvia: la partida

Apareció una madrugada con el morral al hombro, lleno de ropa, libros y objetos indescifrables. Anunció con seriedad y algo de congoja que esa noche se embarcaba hacia Valparaíso, en una de varias travesías sucesivas que debían llevarlo hasta las costas sudafricanas. Ella le permitió entrar con el alma en un hilo, confundida frente a esa despedida y con culpa retroactiva por no haberle anticipado un abrazo antes de un viaje de esa envergadura. El mercante logró despojarla de la ropa y hasta esconder para siempre sus calzones celestes, pero el teléfono sonó justo a tiempo y la velada que se anticipaba de lujuria terminó en un caldillo de mariscos de tarro tan mentiroso como el comensal. Nunca más supo del patán y sólo lo volvía a recordar alguna vez por estricta necesidad, cuando se hacía preciso desmentir las fábulas destempladas que siguió repartiendo por ahí durante los siguientes dos años.

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
Esta entrada fue publicada en Ejercicios y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s