La llave

Cierras los ojos y allí está la llave. Esa que atesoraste en el bolsillo y mantuviste templada desde la mañana en que cayó del roble hasta la tarde en que la introdujiste en la cerradura y ésta no cedió. No allí ni en ninguna otra puerta. Giras en la cama y vuelves al sueño con una imprecisa sensación de alivio.

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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