El fin de la memoria: la otra abuela

No era mi abuela, excepto por esa vez del choque y el TEC abierto que me granjeó un viaje gratis en ambulancia. Volví a casa con indicación de descanso, pero era creencia popular que dormir tras un trauma craneano podía conducir a un desenlace fatal. La familia entera se paseó frente a mi cama expresando preocupación a viva voz, pero la única que se no se movió de allí fue la madre del esposo de la hermana de la mía. Durante largas horas me entretuvo con su acento venezolano, sus uñas nacaradas y su cabello rubio ceniza enrulado en peluquería. Sólo abandonó su puesto cuando anocheció y fue evidente que sobreviviría.

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Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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