El fin de la memoria: Kiss

Dibujaba a Kiss mejor que nadie y lo hacía donde le llegara la inspiración. Sus cuadernos estaban plagados de Demons, Starchilds, Catmans y Spacemans y la lengua de Simmons se enroscaba, diabólica, entre apuntes, cálculos y ensayos a medias. No se perdía al Pirincho en el canal porteño y, si el capítulo lo pillaba castigado, cruzaba a casa de su hermana, donde yo le esperaba con la tele puesta en el ‘The midnight special’. A falta de primas mayores, este tío adolescente fue mi único referente en el tránsito por la pubertad. Con sus cassettes rockeros y sus posters demoniacos me lucí en más de alguna de esas fiestas en que jugábamos a ser adultos sofisticados. Lo hice a escondidas y él nunca lo supo ni recibió crédito, así es que ahora no nos reímos juntos de mi fase metal nada glam.

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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