El fin de la memoria: el himno

La ley sólo permitía alzar bandera en ocasiones específicas y obligatorias. Si la prima estaba de visita, debía sumarse a las hijas en el coro improvisado para la ceremonia de izamiento. El hombre se plantaba muy serio frente al mástil, hacía un gesto propio de director de orquesta con una mano y con la otra comenzaba a jalar el cordel al ritmo del himno nacional. Su cálculo era tan preciso que la bandera arribaba a la cima en el momento exacto en que se extinguían las voces. Sólo la hija mayor se mantenía al margen, suspicaz sobre el contexto patrio de aquellos años.

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En Patagonia
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