Por las piedras

Caminamos por una vereda gris que colinda con un jardín pedregoso. A medida que avanzo voy sintiéndome más y más enferma, hasta que llega un punto en que no puedo seguir. Caigo al suelo y de mi boca empieza a salir un líquido blancuzco que cae interminable por la ladera de piedras hacia los edificios. Una señora se asoma en la esquina y pregunta: “¿Los otros también están enfermos?” Yo no puedo responder, pero tú niegas con la cabeza. “¿Usted tampoco?”, insiste la mujer. Te miro desde el suelo y pienso, sorprendida: “Tú tampoco.” No respondes y sólo miras hacia el cerro.

Acerca de primeralluvia

En Patagonia
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