La radio

Los pájaros y la lluvia han vuelto a escucharse en casa.

Tamara Rammsy

El verano se ha rendido y ahora pende sobre mi cabeza como una gran mancha oscura, eléctrica, de la que intermitentemente se desprende el agua a borbotones. La radiorreloj me lanza sus horas a través de la penumbra, mientras advierte entre chirridos del aguacero del sábado y las marejadas que han cerrado el canal.  Pienso en la señora María –la de la colonia- y su recado para la comadre, leído con solemnidad en la Reloncaví a pocos días de nuestra llegada.

La anciana ya no avisa por la radio su arribo en el bus de las siete y nadie le espera bajo el álamo. Se durmió una noche al abrigo del plumón de su madre, entre los acordes de algún vals añejo. Las pilas de carbón continuaron vibrando hasta que la última nota se fundió con su último suspiro.  La radio calló ese día.

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En Patagonia
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