La heráldica de la carroña, de Óscar Barrientos Bradasic (fragmento)

“… Quienes lo vieron caer, relatan que el ave de impecable plumaje negro se sacudió dando varias vueltas en el aire antes de estrellarse. Había en ello, una extrañeza de recibir la muerte en la altura de la caída, escuchando el llamado del socavón que degradaba ese vuelo de arrasadora majestad.

El hecho es que Eulogio apareció en al avenida que se intersecta con la plazuela con el proyectil entre las plumas.

Denunciaba su propia carroña con ello. Había en ese cuerpo tal testimonio del paso de una empresa vana pero hermosa sobre la tierra que jamás olvidaré al cóndor rodeado por los niños que lloraban, como dando por terminado el juego.

Aristófanes, en su comedia, dice que los pájaros entierran en sus cabezas los cadáveres de sus padres. Más que ellos, Eulogio acrisolaba en su carroña la nobleza de los perdedores, de los constructores de harapientas empresas, de los rostros con que se topaba en las calles polvorientas de Puerto Peregrino.

(…) Cuando paso por la Rambla de los Pájaros pienso en la persistente carroña del olvido, articulo en mi mente el lenguaje indescifrable de los rapaces y creo que es verdad, que el cuerpo descompuesto no encierra espíritus ni tampoco espectrosm, que el recuerdo es sólo la osamenta, los huesos que se desintegran en el pedregal llevándose los sueños más allá del océano.”

 

(de Cuentos para murciélagos tristes, 2004)

 

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En Patagonia
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