Unos duermen, otros no, de Eduardo Bechara

“… Ya no podemos hacer nada, Boris. Mucho menos culparnos. Ella tomó la decisión y apretó el gatillo. Pudo haber renunciado o lo pudo haber enfrentado. Ni siquiera lo denunció. No hizo nada. Yo intenté hablar con ella varias veces y fue en vano. Era hermética. Estaba totalmente bloqueada. No quiso ver ninguna alternativa. Masticó el odio en silencio.”

 

(2006)

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En Patagonia
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