El fin de la memoria: La casa sola

La abuela se mostraba reticente a abandonar su casa y rara vez se nos unía en los picnics masivos de los domingo. Pero cuando lo hacía, aparecía con su mejor tenida y su chal a cuadros, para sentarse muy erguida sobre el césped a ver jugar a los nietos. Su temor máximo era que ladrones aprovecharan su ausencia para robarle.  La boxer de ojos pepones y el bullicioso quiltro enano negro no ofrecían garantías de seguridad.

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En Patagonia
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