El fin de la memoria: Boris

Barrer la vereda y recorrer el barrio inyectando enfermos eran las marcas comunitarias de la abuela. También albergaba estudiantes extranjeros, realizaba curaciones y se aseguraba de que el ayudante del abuelo recibiera comidas y paga durante sus largas ausencias en las minas. Una de sus causas más notorias era el hijo de una vecina alemana a la que se sospechaba demente. El muchacho le tenía cariño y sólo una vez requirió una aclaración respecto al vínculo: escribió en la puerta de la reja familiar el nombre de su candidato, en la creencia de que no podíamos sino compartir sus ideales totalitarios.

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En Patagonia
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