El fin de la memoria: La despensa

La despensa de la abuela era el Aleph, el lugar donde confluía todo el universo. No sólo albergaba dulces, cajones antiguos de abarrotes y múltiples delicias misteriosas, sino también artículos de paquetería de tiempos –para mí- inmemoriales.  Mis favoritos eran las tarjetitas para difuntos, cada una con su sobre, ambos cruzados por una cinta negra. Nunca vi que cumplieran su propósito, pero eran perfectos para jugar a la oficina.

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En Patagonia
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