El fin de la memoria: El baño

La abuela tenía un baño completo y cómodo, pero en verano nos metía uno por uno en la artesa de madera del patio.  La llenaba con agua fría que luego iba reponiendo y nos fregaba con un mitón de toalla que a veces rellenaba con avena y siempre pasaba por jabón de lavar. Lucíamos impecables tras esas sesiones, como un pelotón de jaibas recién hervidas.

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En Patagonia
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