Zarabanda de la muerte oscura, de Armando Roa Vial (fragmento)

     I

Si te tocan, desgarra.
Si te acogen, destierra.
Si te poseen, destruye.

No dejes que te hiera
la maraña oscura de la noche,
el torcido cauce de sus aguas
buscando el nacimiento de la luz.

Si te hermanan, disgrega.
Si te cercan, disipa.
Si te eligen, dimite.

No dejes que el amor fermente
en ti su gran amargura
de fantasma embalsamado
que hurga en lo imposible
sin saciarse jamás.

¿Para quién esta vida?
¿Acaso un error?
¿Un ejercicio de soledad?
¿La muerte que se agolpa a quemarropa,
como un viento cortante,
entre crepúsculo y crepúsculo?
¿La insidia de los dioses?

Los poetas advierten (sic maese Holan)
al ordenar los elementos de la noche:
«Vas abierto de par en par
y, sin embargo, eres de pronto abatido
por la gigantesca realidad
de las cosas que fueron soñadas».

Porfía tu nada en los desfiladeros.
Porfíala cuanto antes. Encerrada e inmóvil.
Que te hiera y te cave.
Báilate en ella sin esfuerzo.
Cuando ya no te queden palabras en la boca.
Cuando piernas y brazos y ademanes
se disuelvan en un solo estallido
de desesperanza y de miedo.

(2000)

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