El camino de la ballena, de Francisco Coloane (fragmento)

“Los días se deslizaban para Pedro Nauto con esa monotonía y al mismo tiempo con esa variedad del mar y de la tierra chilotes, donde casi no hay uno igual. Cubiertos de nubes y sombríos algunos; rasgados a grandes claros brillantes otros, con aguaceros breves o prolongados y más de algún temporal de vez en cuando, para terminar en una calma despejada. Generalmente las brisas del suroeste empujaban los mundos de nubes más allá de Huite y del faro del morro Lobos, que señalaba la entrada a los marinos por la boca norte del canal Caucahué. Al desplazarse sobre el extenso golfo Ancud, a mar abierto, caían en el horizonte formando ciudades fantásticas, de algodonosas catedrales, que se revolvían tornasoladas con las puestas de sol, confundiéndose a veces con los lejanos contrafuertes de la cordillera de los Andes, allá al otro lado del golfo.”

(1962)

Lo de arriba es literatura. Lo de abajo sucedió sólo ayer en la bahía de Ancud, frente a la isla de Llingua, a pocos kilómetros de mi casa:

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En Patagonia
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