El niño de la esquina

El niño de la esquina tenía pecas y pelo rizado y no cesaba de importunarla cuando cumplía sus deberes en la brigada de tránsito.   ¿Luciría igual…? se había preguntado al ingresar al salón.  No había tenido intenciones de averiguarlo, pero alguien la había tomado de la mano y la había dejado frente al cristal.  Nunca había visto un muerto y le sorprendió constatar que, bajo la piel quemada y el cabello rojizo chamuscado, el niño de la esquina parecía dormido.

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En Patagonia
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