Atrapado

Carrasco mueve la palanca de la grúa horquilla atrás y adelante, pero ésta no responde.  Sus ojos están fijos en el palet de sacos rotos sobre la loza.  Sabe que no es su culpa, mas está seguro de que le despedirán y descontarán el importe.  Más tarde y si está de suerte, lo primero que hará su mujer es preguntar por la cuenta de electricidad.  Si no, apenas entre a la casa la oscuridad hablará por sí misma.  Le explicará que ya copó los adelantos y que en la mutual no quisieron ni oírle hablar de un préstamo mientras siga en mora.  Cuando ella no responda, mencionará el colapso de la línea uno y el brazo de Rojitas atrapado en la selladora.  Su esposa se encogerá y entonces él inventará que la planta ha cerrado hasta nuevo aviso.  Ella se dormirá llorando y Carrasco soñará que es él en la selladora.

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En Patagonia
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