Memorias de gente como uno: El novato

A mi escuela en la isla asistían cinco hermanos tan iguales uno al otro, que parecían una misma persona en distintas etapas de desarrollo.  De ellos, sólo el mayor mostraba interés por estudiar.  Del resto, dos habían terminado la enseñanza media con retraso y dos apenas habían llegado a octavo año básico.  Para todos ellos la vida transcurría entre el mar y el campo, según fuera temporada.  El único cambio visible en sus vidas había ocurrido con la llegada de las salmoneras, que les había permitido saltar del bote a la línea de proceso.

Su dedicación a los libros había granjeado al mayor el favoritismo de padres y profesores.  Era un pueblo pequeño y la noticia de su apadrinamiento por parte del médico de zona había prendido como pólvora.  Cuando los resultados de la PAA confirmaron la posibilidad de que el muchacho cumpliera su sueño de estudiar medicina en Santiago, la comunidad organizó un bingo en el cuartel de bomberos para reunir el dinero de la matrícula.

Yo completé mis estudios en el continente y cuando me titulé en acuicultura busqué trabajo varios paralelos al sur.  Supe tiempo después que su padrino se fue al extranjero a estudiar una especialidad y se perdió el contacto.  Al joven le costó todo el primer semestre y la mitad del segundo acostumbrarse al ritmo de la ciudad, mas para cuando llegó la primavera y pudo visitar a los suyos, había recuperado el peso y la sonrisa perdidos.

Ese primer año tuvo resultados satisfactorios, pero insuficientes para obtener alguna beca, según contó a sus padres.  Ellos continuaron trabajando duro para cubrir las mensualidades, mientras los vecinos establecieron como una tradición el bingo de verano en su beneficio.  Ningún sacrificio era demasiado grande comparado con el orgullo de contar un médico entre los suyos.  El futuro profesional ya tendría tiempo de devolver la mano.

Como nunca alcanzó resultados de excelencia que le permitieran optar a subsidios, el arreglo se prolongó varios años más de los siete que contemplaba el programa.  Nadie le pedía explicaciones, pues era de todos conocido que la carrera era particularmente difícil.  Acostumbrado a operar con independencia, él tampoco consideró necesario informar a nadie cuando se mudó a un departamento junto al río en el segundo año.  Sus días estaban tan ocupados que rara vez lograba viajar a casa.  Los llamados se espaciaron y la llegada de internet dejó a la sencilla familia virtualmente incomunicada.

Sus padres continuaron enviando dinero incluso al final del noveno año, cuando las plantas procesadoras de salmón decayeron y la comunidad debió atender asuntos más urgentes.  Al desastre económico se sumó un brote de influenza especialmente virulento que obligó al hospital local a reforzar sus atenciones con médicos de otras zonas.  Fue por esta vía que por fin hubo noticias del estudiante ejemplar:  Ante la insistencia de los pacientes, el nuevo residente forzó la memoria y recordó haber compartido sala con un tímido novato proveniente de la isla, quien había colapsado a mitad del primer año para terminar hundido en las drogas y el alcohol.  Añadió que no era infrecuente que a los estudiantes de provincia los venciera el estrés y que nunca más se le vio por la universidad.

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En Patagonia
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6 respuestas a Memorias de gente como uno: El novato

  1. M dijo:

    Jajaja! Sabes que estando lejos se pierde a veces la costumbre de esa respuesta instantánea y afilada que sólo nuestro país, peleador por tradición ¿y destino?, imprime en los genes de todos sus hijos.

    Disfruta la arena, querida y las conchitas, si hay. De nada, es un inmenso placer.

  2. Veo que estamos muy dicharacheras :)

    Puedo decir ‘en mi defensa’ que en algunos la vida ocurre como un río, en otros como una laguna. En otros es como un mar no muy vasto con fuertes mareas… En algunos la vida ocurre en oleadas y hoy estoy en la playa.

    Gracias por tu visita y tus palabras, M.

  3. M dijo:

    Veo que estamos prolíficas ultimamente, como la lluvia… al menos donde vivo, tormentas tropicales a diario. Eso es bueno para tus lectores. Veo que cambiamos la decoración de la casa, veo cielo hasta en el suelo, veo que respondemos los comentarios. Mmmm… luego de tanto ver y de poquito leer (acabo de llegar), el balance, a primera impresión, me resulta positivo.

    Ella volverá a tus brazos. I promise.

  4. Claudia Ibañez dijo:

    Pues sí, la práctica y la constancia en ella suelen invocar al talentocuando se toma vacaciones. A algunos les funciona así, a otros con un descanso y un “tomar distancia” del asunto. Vós verás…ya me pasaré con más tiempo porque cosas buenas por acá…ánimo que ya volverá!

  5. Gracias, Claudia Ibañez, eres muy gentil.

    Mi noviazgo con la narración es un tanto difícil, pero le hago empeño. Mi amor verdadero es la poesía, pero ella no quiere nada conmigo últimamente :(

    La clave está en ejercitar la muñeca, ¿no?

  6. Claudia Ibañez dijo:

    Hola, llego desde el Blog testigo y encuentro una historia de perfecta literatura. No solo me ha sorprendido tu espacio, sino que me ha gustado mucho, así que con tu permiso, te agrego a mi lista, y paso a leerte más seguido. Saludos!

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