Memorias de gente como uno: Transporte colectivo

El mes había sido fatal.  La inflamación del tendón de Aquiles no sólo me había forzado a abandonar las sesiones de jogging con mi padre y el cachorro que entrenabámos para campeón, sino que me había apartado de los ensayos de coro, del taller de oratoria y del club de matemática para asistir a interminables sesiones de quinesiterapia en pleno centro.

Lo peor había ocurrido esa misma tarde.  No había alcanzado a almorzar mi habitual colación vegiorgánica, ya que me había ido a estudiar a la biblioteca mientras avanzaba en la confección de cuadritos tejidos a croché para la campaña de invierno en la parroquia, ni había alcanzado a lavarme los dientes, cepillarme el cabello y escobillar mi montgomery azul marino.  Una vez en la clínica, en lugar del habitual retraso me habían atendido de inmediato y tampoco había podido repasar mis jugadas de ajedrez ni refrescarme en el baño.

Nada de eso era totalmente horrible, claro está.  Lo verdaderamente espantoso había sido la estentórea, putrefacta e interminable ventosidad que había liberado sobre la terapeuta mientras flectaba la pierna en la camilla.  No recordaba mucho después de eso –no quería pensar en eso-, salvo que había deseado desaparecer de la faz de la tierra para siempre.

Coja como estaba, me las había arreglado para mediovestirme y correr hasta el ascensor.  Todavía me ardía la cara cuando logré subir a la micro, que a esas horas iba repleta.  Me sentí sucia por dentro, como me ocurría siempre que entraba en contacto con el aire espeso del transporte colectivo, pero más me sentía dolorida, hambrienta y exhausta.

Tuve suerte de que el chofer me reconociera por los viajes diarios al centro.  Me acomodé tímidamente en el cajón mugriento de las herramientas y acepté media marraqueta con mortadela para no ofender a mi anfitrión.  Quince escasos minutos más tarde, con una mano contaba el cambio y con la otra cortaba los boletos, mientras sorbía café instantáneo del vaso del conductor y comentaba los últimos chismes del fútbol.

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En Patagonia
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