La Edna Lieberman de Bolaño

La evocación escrita por Bolaño en el poema Musa y en El fantasma de Edna Lieberman (Los perros románticos, 2000); hizo eco entre Llamadas telefónicas (1997), ahí Edna es “la mexicana”; En Los detectives salvajes (1998) la seduce con el seudónimo de “Edith Oster”; en Tres (2000) la describe como “la desconocida que desaparece en su Atlántida”; en Amberes (2002) vuelve a ser “la mexicana, judía, pecosa, de piernas flacas y pelo caoba”; aparece en varios versos de La Universidad Desconocida (2007) como “Edna”; y en la novela póstuma 2666, Bolaño la nombra “Edna Miller”.

 

Roberto y yo fuimos pareja en Barcelona hacia 1979, no por mucho tiempo, pero sí una relación muy intensa y pasional. A lo largo de los años me llegaban comentarios de que Roberto publicaba y ganaba premios, sin embargo nunca me surgió el interés por leer su literatura. En pocas palabras: lo había enterrado en el oscuro cajón del no recuerdo. En el 2003 fui enterada del fallecimiento de Roberto, lloré esa noche y volví a olvidarme del asunto.

Aquel día compré varios libros de Roberto y empecé a leer su poesía y narrativa. Efectivamente me encontré nombrada y evocada en su literatura, tanto bajo seudónimos como con nombre y apellido. Ahí empezó mi profundo duelo atemporal, off-time, se habían cumplido 3 años del fallecimiento de Roberto. En esa etapa me sentí desesperada al no poder preguntar, responder, agradecer o simplemente entablar la conversación, que entre los dos quedó trunca. Imposible cerrar el círculo o volver a abrirlo. Viví una terrible impotencia y frustración: Roberto Bolaño, muerto.

(entrevista completa, aquí)

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En Patagonia
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2 respuestas a La Edna Lieberman de Bolaño

  1. Celebes dijo:

    La conversación imposible, un monólogo que debería haber sido diálogo, modifica, cambia, da y quita sentidos, pero efectivamente, es irreversible.

    Muy interesante …

    Saludos,

  2. taoísta de papel dijo:

    La señora Lieberman nos habla aquí del tema de su libro: el tiempo. No el paso del tiempo, sino el tiempo pasado, acabado, irrecuperable, finiquitado. Palabra de la memoria, del recuerdo, de la rememoración. Nos lleva Edna Miller al desolado territorio de la duda y el anhelo para decirnos que cambian los nombres, cambia el paisaje, cambian los tiempos, que no el tiempo fijo en el reloj de la memoria. No existe la repetición, sólo la recuperación del instante furtivo. No permanecemos, evocamos. Eso es el círculo del tiempo: desmemoria de una evocación… Quelle horreur!

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