Tibio

Primero, el gran remezón; luego, el pinchazo de rueda en plena noche; más tarde, la hipnotizante tormenta eléctrica.  Y ahora, cuando las cosas parecían volver a la calma, réplicas múltiples y alertas de marejada insistían en poner a prueba sus frágiles residuos de valor y cordura.

Parece que me traes mala suerte, quiso bromear.  En lugar de eso, lo besó en los labios y respiró su aliento tibio sin abrir los ojos.

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En Patagonia
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