Hay que decir lo que otros callan: 30 años de Schwenke & Nilo, de César Díaz-Cid

Un elemento me ronda en el día a día, quizás sea ese aire que respiro y que no tiene nada que ver con el contaminado espacio en el que habito. Me refiero a esa fuerza que se me confirmó al estar en la celebración de los 30 años de Schwenke & Nilo. Es la sensación de sentirse envuelto por la ética del arte que se respira en la vereda opuesta al sistema mercantil. El concierto de los 30 años fue precioso colmado de momentos de mucha emoción. Nelson con su humor y actitud moral de siempre: cristalino y directo. Marcelo, callado pero con mucha energía cantando muy bien. Anuncian que harán un DVD con los dos conciertos (hubo dos funciones). Yo fui a la de las 22 horas, la segunda. Al llegar al teatro, cinco minutos antes (tenía ya mi entrada comprada) me encontré con una multitud enorme a las afueras del teatro.

 

… De inmediato recordé el primer recital de la Isla Teja en el teatro universitario, año 1979, mi primer año de universidad… Había tenido que ir a una ceremonia de licenciatura de cuarto medio de un amigo muy cercano y pesar de que llegué a la hora, el teatro ya estaba colmado hasta en los pasillos. Así es que no pude entrar y me conformé con escuchar el recital desde afuera, apegado al alero en la parte trasera del teatro, la que da al río…. A pesar de la copiosa lluvia, desde ahí se oía a Hans Schuster que a grito pelado leía sus poemas entre canción y canción… Esa vez Clemente leyó un largo poema. Yo a Clemente lo tenía como compañero de la clase de lógica pero él no me ubicaba… A Hans lo conocía entonces de vista pero fue él quien me regaló una entrada al concierto…. Era un papelito cuadrado escrito en tinta morada que nos dio a David Miralles y a mí cuando caminábamos por una de las veredas rumbo al centro de la ciudad, poco antes de entrar a la Alameda. Por muchos años tuve guardada esa invitación en algún libro… A Nelson lo ubicaba por su melena estilo príncipe feliz que era fácil de reconocer en el Campus; a Marcelo nunca lo había visto.

… Años más tarde, Rubén González (el mismo que en una de las canciones se lo recuerda pintando murales) me regaló un casete con todo ese memorable recital del ’79. Al final de la cinta venía un despacho periodístico que esa misma noche salía al aire en Santiago con la voz de Isabel Lipthay…

… así era en los primeros recitales del dúo. Siempre había mucha gente, pero este de los 30 años era en Santiago, en Providencia, una sala donde una semana después cantaba nada menos que Milton Nascimento. Abrieron las puertas como a eso de las 22:20. Nunca había estado en este teatro, me cortó el boleto un tipo moreno que suele aparecer en la Tv cuando muestran eventos… una chica guapa vestida de chalequito de acomodadora me ubicó en mi butaca de platea numerada. Estaba recién girando el cuello y reconociendo el espacio cuando una cámara de Video profesional se me pone en frente y entonces una voz que luego ubiqué en la barba de un joven que me pregunta así sin prólogos ni autorizaciones “¿Qué significan para Ud. Shwenke & Nilo?”

…de inmediato me explicó que estaban haciendo un DVD del concierto. La pregunta rodó en fracciones de segundo por todo mi pasado y recordé que era algo que yo mismo me he planteado por años. Una imagen muy personal se me vino a la mente. Es una caminata del brazo de mi polola, vamos refugiados bajo un paraguas cantando a la salida de un recital de Shwenke & Nilo. A ese paraguas lo llamábamos la casita Made in Taiwan: “yo debo hablar con claridad, medio a medio del lo oscuro”…cuando, paradójicamente, a pesar de la juventud ya teníamos las cosas muy claras. “Yo debo hablar con claridad”, me dije y la respuesta se me fue a la boca y para decir algo así como que el Dúo representa casi todo lo que soy…. porque me marcaron desde el primer momento en que escuché sus canciones…. en esos años hacía mucho que buscaba confirmar que había que decir lo que otros callan… y había que decirlo con canciones que había que cantar despacito pero también en alta voz…. porque de pronto después de vivir días de esperanza nos fuimos quedando en silencio….. pero le dije al de la cámara que el Dúo me ayudó a sobreponer momentos difíciles en tiempos difíciles… y pensé y no sé si lo dije que cuando viví fuera de Chile estas canciones me hacían sacar fuerzas de la nada y me ayudaban a levantarme cada día con optimismo…. fue un momento muy confesional frente al registro de la cámara… un minuto de arqueo personal que me ayudó a confirmar el por qué estaba sentado allí; el por qué siempre esperaba seguir viviendo bajo la convicción de que lo que hago es lo que hay que hacer y que no estoy equivocado al despreciar la frivolidad del éxito mediático e inútil del consumo farandulero, que invade incluso a las universidades en Chile y en todas partes. Quizás no dije todo lo que debía decir, pero fue un momento de catarsis confesional, necesaria. Tuve ganas de mencionar que no era sólo el dúo, que también estaban mis amigos de esos años…todos los del Grupo Índice; Ricardo Mendoza; los dos Jorge (Torres y Ojeda), Maha y Pedro Guillermo Jara, Mario Osses. Los pintores y artistas visuales, Galo Arroyo Pablo Flández, Mario Utreras; Gaby Guzmán; Carlos Fisher; Francisco Jooris, Víctor Ruiz; Ramiro Miralles; Mauricio Contreras; Marcos Navarro: Los cantantes y músicos… los hermanos Briseño; Gaby Lehmann, Carlitos Díaz, Nancho Ríos, el chico Carrera, Talo Barrientos,

… A Margarita Posek entonces yo la veía como estudiante de filosofía, después estaría muy presente en el teatro… son tantos los nombre…la lista es larga y podría agregar aquellos que años más tarde se incorporaron al entorno y que son tan importantes como Mariana Matteews; Yanko González; Germán Arestizábal; Verónica Zondek y el juvenil Ignacio Szmulewicz, Paz Jara…

… pero de ese entonces los rostros que recuerdo son los de Leo Gálvez, el ya entonces mayor Guillermo Franco, municipalizado, pero parte del entorno artístico siempre. El profe Guido Mutis; el trío de Jazz, el teclado de Jorge Vío… en el Teatro Municipal de Valdivia recuerdo a Jorge Torrijos, Luis Arriagada… había un ambiente muy particular donde no todos éramos amigos, pero nos ubicábamos.

.. .y cuando me acordé de Nella Fernández, impajaritable en los primeros recitales, acompañada casi siempre de la Karen, ya se había ido la cámara hacia la butaca de atrás y escuché que una jovencita, menor que mi hijo Camilo que ya tiene 22 años, declaraba que estaba allí porque se había criado escuchando esas canciones que le fascinan a sus padres y a sus hermanos mayores.

…En 1980 yo no me perdonaba el no haber entrado a ese primer recital del ’79. Así es que la próxima vez estuve temprano en mi butaca del Salesianos… ahora veía feliz cómo poco a poco la sala se iba llenando e imaginaba la cara de frustración de los pavos que se iban a quedar afuera como yo hacía unos meses. Ese día en la mañana tenía clases temprano. Como todos los días esperé la micro ocho frente al hospital John Kennedy. La micro venía ya llena desde la Corvi pero al llegar al siguiente Hospital (el Regional) se bajaba más la mitad de la gallada: los viejos que iban a control médico y la cabrería que iba a la UTE. La micro se volvía a llenar en Avenida Italia cuando se subían los cabros del pensionado Huachocopihue… Yo  a menudo me iba conversando con un compadre súper amistoso que se saludaba con todo el mundo y que estudiaba música. No sabía su nombre pero él me saluda muy cariñoso desde que me había había visto en la universidad hablando con Hans Schuster y con David Miralles. Era un chascón de pelo largo y ondulado, medio narigón y siempre abrigado con parca azul, de esas con capucha bordada con una línea de piel sintética, que estaban muy de moda en esa época entre los estudiantes. Lo primero que le dije esa mañana al verlo sentarse a mi lado fue “¿y cómo estamos para el recital de esta noche? “-¡Bien po!”- ..Y cambiamos de tema.

Durante el día anduve nervioso y solo pensaba en que tenía que llegar a la hora. Y así fue… la sala se llenó en menos de lo que canta un gallo… En ese tiempo yo aún no era amigo de Pedro Guillermo Jara. Y no sé por qué extraña confusión pensaba que él era el poeta Jermaín Flores… el caso es que sólo lo “cachaba”. Lo vi acompañado de Magaly Segura (ahora Maha Vial) a quien ubicaba entonces porque la había visto actuar en el Teatro Municipal)… y no recuerdo si fue en ese o en otro de los recitales que andaban con la Paz que era muy chiquita entonces. Y comenzaron los aplausos, pausados primero; exigentes luego para que se iniciara de una vez por todas el esperado canturreo… y aparece Nelson con su pelo liso y se sentó en una silla y junto a él, con su respectiva guitarra, el mismo flaco amistoso de la micro de todas las mañanas. Era Marcelo Nilo.

Luego de esa fecha remota hemos tenido muchos momentos de coincidencia con Nelson y Marcelo, generalmente en camarines de diversos escenarios, en el intermedio, cuando los iba a saludar cada vez que en mis viajes coincidía con uno de sus conciertos. Alguna vez en casa de Hans Schuster junto a Clemente compartiendo la cena… Por Pato Meléndez, otro viejo admirador del dúo y ahora amigo de ellos, supe que una vez Nelson dijo que él dudaba que yo viviera realmente en Nueva Zelanda porque cada vez que cantaban en Valdivia aparecía a saludarlos!!!

…Con Marcelo siempre tuve más proximidad, no así con Nelson, yo creo que más por timidez mía que por otra cosa. Pero tengo vívido el momento que por primera vez hablé con Nelson. Acababa de publicar mi primer libro y el dúo actuaba esa vez en el gimnasio del Colegio Inmaculada Concepción de Valdivia. Eso fue el año 1987. Durante el intermedio del recital me acerqué a Nelson y Marcelo con un par de libros dedicados para cada uno y les dije que se los quería regalar. Inmediatamente Marcelo me abrazó y Nelson me saludó también con un fuerte abrazo. Me miró sonriendo y me dio las gracias. Yo temía que me saliera con unos de esos comentarios típicos entre nosotros que, a pesar de estar acostumbrados, nos dejan tambaleando. Pero no fue así. Mientras leía la dedicatoria me confesó: “Yo ya leí tu libro. Me lo pasó Hans en Santiago y me gustó mucho. Gracias” –repitió- y se fue a descansar. Al inició de la segunda parte, antes de empezar a cantar, sacó el libro, leyó el título y dijo, entre otras cosas, que había que apoyar a los escritores del sur. Así han sido siempre ellos, solidarios.

Con el tiempo, las conversaciones han sido menos tímidas de mi parte y aunque breves, muy intensas. Pero creo que tanto Marcelo como Nelson ignoran la enorme significación que su trabajo tiene para mí.

…30 años después del primer concierto comienzan los primeros aplausos aislados tal como en los ‘80 y llega el momento en que se apagan las luces. Se escuchan unos silbidos desde distintos rincones en la oscuridad… más aplausos y luego el teatro que inicia una ovación arrolladora y en el escenario el dúo acompañado de sus músicos sin esos odiosos presentadores de multitiendas. Solo ellos con su presencia cincuentona, canosa, bella, honesta y fraterna.

… los primero temas fueron los clásicos de siempre con sonido de teclado, como en el primer álbum… una batería… guitarras acústicas…. un saxo… como ha sido en la mayor parte de la trayectoria del grupo…. canciones de las que todos sabemos la letra… cantan varios temas hasta que de pronto se sube una cortina y atrás del escenario están sentados una veintena o quizás más músicos con violines, violas, cellos y contrabajos y entonces se da inicio a un Schwenke & Nilo Sinfónico que jamás voy a dejar que se borre de mi ya casi medio siglo de memorias. De ahí en adelante fue un poema todo lo que siguió hasta el final. Momentos muy sensibles … la fuerza de Nelson y la de Marcelo nos dejaron transportados en el presente al confirmar la vigencia de sus mensajes antes pensados para una historia que al parecer solo ha cambiado de protagonistas.

Nelson leyó un hermoso poema de Jorge Teillier, que como Neruda es uno de los fundadores de nuestra estética (ética) sureñas. Más adelante dijo que Clemente Riedemann siempre había estado con ellos, con sus letras, con sus poemas desde los primeros recitales y que él (Nelson) generalmente leía poemas de Clemente en sus presentaciones y que por eso ahora quería leer algo de Riedemann, pero como Clemente estaba allí era mejor que subiera él mismo y leyera con su voz… y Clemente que estaba sentado en las filas de atrás avanzó con esa prestancia que todos le conocemos, subió al escenario y leyó dos de sus poemas: “Cherry Blossom” del libro Wekufe en Nueva York; y “Estación Los Héroes” de un libro inédito que se llama Riedemann Blues.

… cuando Clemente pasó por New York, había estado antes en Philadelphia con Carlos Trujillo. No sé si fue el mismo Carlos quien lo llevó a New York. Pero de la Costa Este, Clemente viajó al North West. Walescka Pino hizo gestiones con el gobierno de estudiantes graduados de la U. of Washington, y así se lo invitó a leer a Seattle. Rick Francis hizo las traducciones de los poemas y con Walescka organizamos una lectura en la Universidad. Yo empapelé el campus con un poster que hicimos con Walescka y Rick. Seguramente Sergio Mansilla también anduvo conmigo pegando afiches. Durante esos días compartimos con Clemente que nos trajo de regalo El viaje de Schwenke & Nilo, que es un breve libro autobiográfico, muy bien diseñado por cierto, de la trayectoria del Dúo, escrito por Clemente.

….Todas esas imágenes se me agolpaban esta noche en el Teatro Oriente.

Cuando cantaron “Canción de cuna para una madre” se proyectaron fotografías de las madres seguramente de los cantantes… y de otras señoras… y casi al finalizar la canción, se llenó la pantalla con un retrato de Joan Turner y entonces hubo un enorme aplauso que ensordeció un par de segundo las voces del dúo y al finalizar el tema hubo una ovación enorme, larga y llena de significados….

Otro de los momentos sublimes fue la proyección de un video de Víctor Jara cantando “Luchín” a la que se sumó luego la versión del Dúo, sinfónica, maravillosa. Al terminar, Nelson pidió un aplauso para Joan Turner que estaba sentada en la platea. Otra ovación prolongada.

…Cantaron, era que no, “El Canelos”, con proyecciones del barco hundido y el sonido irremplazable de esos violines y contrabajos que llenaban el teatro desde el fondo del escenario…

Para presentar el tema “Lluvias del sur” hubo un diaporama de casas sureñas cuyo sonido de fondo era el familiar sonido de la lluvia austral. La sala se inundó del fuerte aguacero sobre las calles… gente corriendo bajo la lluvia… el estrépito fuerte del chubasco que se derrama sobre los techos rojos, mojando la madera de la casa natal… la nube de nuestra infancia, con los miedos a lo oscuro…. “cientos de gallos picoteando el techo”, como dice uno de los versos de Sergio Mansilla…

Nelson dijo que en esas tardes invernales, estar dentro de la casa era como sentirse dentro de un barco que navega sin rumbo conocido… y dijo algo muy profundo… “de esta barca se han ido bajando algunos marineros”, los parientes muertos, los abuelos, las madres … y yo pensaba en mis parientes muertos, en el Tito Pino, en Clara Luz a la que siempre amaremos, el abuelo Edgardo; mi sobrino Chechín, la abuela Elcira, los Polito y las Menitas, Fernando, que siempre recordamos…. “Allá en el sur”… “donde el óxido del tiempo nunca acaba de roer” y donde no podemos aferrarnos “a la orilla de barca de metal”

…el espacio fuera de la memoria donde “uno se va quedando con la mitad, con la mitad de la mitad”.

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8 respuestas a Hay que decir lo que otros callan: 30 años de Schwenke & Nilo, de César Díaz-Cid

  1. sandra wilson dijo:

    maravillosas palabras de alguien a quien conocí en mis años de niñez en la querida Escuela Anexa a la Normal de Valdivia e hijo de mi querido profesor Sr. Raúl Díaz Silva.

  2. Las líneas de César Díaz-Cid recibieron una avalancha inusual de visitas en los últimos días, a raíz de la partida de Nelson Schwenke.

    Agradezco a todos los visitantes anónimos su pasada por esta casa virtual, tanto como agradezco al autor el regalo precioso que me hizo -nos hizo- hace casi tres años.

    ¡Larga vida a Schwenke & Nilo!

  3. Cristina dijo:

    Sencillamente emocionante, no pude estar en esta celebracion, pero se leyendo este me embarque en mis recuerdos, los mejores de mi vida en Valdivia de los 80

  4. Yo tampoco estuve en los ’30 años…’, pero gracias a la generosidad combinada de un amigo y un desconocido aquí estoy, disfrutando estos recuerdos como si me pertenecieran.

    Gracias a todas por sus visitas y por sus aportes a la reconstrucción de nuestra historia común.

  5. Isabel dijo:

    Hermoso raconto de los paralelos de vida, algunos amigos, compadres, otros sólo “conocidos”, dentro de los que han partido, mi esposo Alfredo Pradenas Mera, fue un amigo presente, dió sus frutos en la filosofía y la bioética, hoy nos acompaña en el corazón hace ya tres enormes años.
    Linda generación, fueron las voces de nuestros pensamientos.
    ” hay una Isla en el medio del mar…, llamada LIBERTAD.”
    Nelson, Marcelo, Clemente, Galo, Loly, Pedro, Mahagaly. Hans, Luis, Nelly, Karen y todos los que acompañaron mi vida de estudiante por 7 años, y que la vida nos ha ido reuniendo en más de una oportunidad, algunos formando parte de mi quehacer actual.
    Nos unió el arte, la música, la poesía, el teatro, la amistad, y el apoyarnos para no dormir en los tiempos de la anestesia colectiva.
    Grandes todos

  6. Karen dijo:

    Yaaaaaaaaaaaaaa….me acordé del poema que leyó Clemente en ese recital…..”no todos saben cantar, no todos saben ser manzanas y rodar a los pies de los demás….esa es la suprema confesión de un granuja”….que buena esas son el tipo de casa que siempre me acompañaron….por lo demás yo era muy pequeña, pero me impacto su lectura…

  7. Karen dijo:

    Muchas por esos lindos recuerdos, es impresionante como han formado parte de mi vida desde que tengo memoria. Cada nueva etapa ha sido marcada por una canción de ellos….
    como me hubiese gustado estar en ese concierto.
    Tuve la mejor de las infancias rodeada de canciones, poesía y mucha gente que querían decir lo que otros callan….
    un abrazo

  8. Ana María Cid dijo:

    Primo, con cada frase que leí, se me iba apretando el pecho y más de alguna lágrima se derramo por mi mejilla, que ya no es la misma mejilla rosada y joven, como cuando fui al primer concierto de este Dúo, en el Colegio Salesiano de Valdivia. En ese entonces lo que me llevo a asistir a este recital era la curiosidad por conocer a Schwenke & Nilo, del que tanto comentaban mis primos Díaz, y que ya en ese entonces con mis 13 años había comenzado a escuchar.

    Con el leer de estas líneas, también fui dibujando mi pasado y tratando de ver el significado de este dúo en mi vida….A pesar de que no me toco vivir en una Universidad reprimida y en mi país ya se respiraban aires de democracia… en la Austral deben haber quedado plasmada los ideales de mis primos…. mi memoria es tan frágil que hasta me parece verte a ti leyendo uno de tus cuentos, al Claudio rayando las paredes del Paraninfo y al Eugenio caminando con su poncho y la guitarra… Siempre con las Lluvias del Sur como telón de fondo….

    Al leer tus palabras me reía al ver que haces una alusión a la “Tía Nelly”, madre de una de mis mejores amigas de toda la Vida, la Karen… ya todos hemos cambiado y de alguna manera los treinta años de Schwenke & Nilo, han ido pasado por nuestras vidas, todos de distinta manera y con distintos significado. No es azaroso que yo en mi parte de matrimonio, en vez de escoger una típica frase Religiosa decidiera con el Negro escoger una frase de una de sus canciones “A nos crecer llama la Vida a crecer nos llama el amor”, la misma frase que estaba escrita en torta de mi hija Antonia el día de su bautizo.

    Tienes razón César, ellos están en cada corazón de los que somos o amamos Valdivia y el Sur.

    Gracias Primito por volver a recordar mis raíces y gracias Schwenke & Nilo, por seguir fortaleciendo la familia sureña, aun cuando ya muchos estemos en otras regiones.

    Felices 30 años.

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