Piñera: El hombre que arrendó su infancia, de Rafael Gumucio (fragmento)

“…Nadie es completamente un niño de izquierda, ni completamente un niño de derecha, pero todas tenemos una base sobre la que vamos construyendo todos nuestras certezas momentáneas. Socialismo, liberalismo, mercado o Estado me guía como a cualquier otro el instinto más que la certeza. O más bien sé desconfiar de los que disimulan o desprecian esos instintos. Es ese instinto lo que siento falla en Sebastián Piñera Echeñique. El candidato de la alianza está peleado con su infancia. Sus tics, sus gestos, su incapacidad para decir lo que piensa sin un cúmulo de frases hechas, son síntoma de esa incomodidad esencial. Su mismo cambio de equipo de fútbol es todo un símbolo de este quiebre original. Cuando Piñera muestra con las manos el tamaño del candado que le va a poner a la puerta giratoria imposta una infancia de derecha, una lógica de padre castigador que nada tienen que ver con José Piñera Carvallo, ese señor excéntrico que no tenía ni una célula de derechista en todo su cuerpo. Tampoco tenía nada de derechista o convencional su madre, la señora Picha. Tan distinto al común de su clase social sus padres, que se separaron cuando nadie lo hacía. Separación de la que el candidato Piñera nunca habla porque es el candidato de los que se casan una vez y para toda la vida.

 

Es el fantasma de ese conflicto nunca mencionado el que atormenta su cuerpo y su dicción. Los otros candidatos se han construido una biografía en consonancia con su programa de gobierno. Compleja y múltiple en Marco, tradicional y presidencial en Frei, normal y clase media en Arrate. Piñera ni cuenta, ni parece dispuesto a asumir toda su verdad. Todo lo que dice suena falso porque se basa en esa infancia borroneada a la mala en el último minuto. En medio del escenario, la corbata chueca, la sonrisa helada, Sebastián Piñera, el segundo hijo de José Piñera Carvallo, es también el segundo Piñera Echeñique en ser candidato a presidente. El otro, José, perdió por decir exactamente, y sin disimulo ni tino, lo que pensaba y solamente lo que pensaba. Se ganó, eso sí, la adhesión de los que piensan como él, y el respeto de los que no. Su hermano Sebastián, en cambio, no sabe a qué padre hablarle, al viejo DC o al inventor del código laboral. No es un derechista típico, pero le falta también libertad para mandar a su sector a la cresta. No le importa el lujo ni el dinero pero acumula millones, nunca le gustó Pinochet pero sí casi todo lo que Pinochet hizo. No se atreve a defender a las ISAPRES, los bancos, o las clínicas privadas, pero sí se atreve a comprar acciones en ellas. No se cambia de la Católica al Colo-Colo, actitud despreciable pero humana (¿quién no se ha cambiado alguna vez de equipo en algo.) No, agrega al equipo de su infancia el de sus intereses de adulto. Viola justamente el sentido de ser hincha, la adhesión infantil a eso y no lo otro. Resultado: ninguna de las dos barras lo respeta.”

 

(visto aquí)

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2 respuestas a Piñera: El hombre que arrendó su infancia, de Rafael Gumucio (fragmento)

  1. Da susto, lo sé.

  2. Yo no se si la arrendó.
    Pero si lo hizo..

    ¡Te aseguro que no la pagó!

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