Instante, de Pablo Azócar

Ese cabrón le sacaba una cosa que no era música

a la trompeta.

Lo que salía por ese boquete

era una fuerza bestial, algo que no era de aquí

ni de ninguna parte. No existe humanidad

para decir lo que el cabrón hizo esa noche

cuando de pronto se colgó de una nota

sencillamente

y empezó a levitar.

El tipo se secó el sudor con la manga,

achinó los ojos,

hizo un dibujo con el brazo

y quedó suspendido en el aire.

Durante un instante todos

estuvimos

suspendidos en el aire,

mientras la trompeta sonaba

y sonaba

y seguía sonando.

 

(El placer de los demás, 2009)

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En Patagonia
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