El nervio óptico, de María Gainza (fragmento)

“Con los años han bajado los decibeles de las peleas. Ahora que están grandes y cansadas, cada discusión parece un paso de comedia; hace poco la seguiste por un pasillo de su casa leyéndole párrafos de Irène Némirovsky: ‘En tus raros momentos de ternura maternal, cuando me estrechabas contra el pecho, tus uñas se clavaban en mis brazos desnudos’. Tu madre, apurando el paso con insólita agilidad para dejarte atrás, murmuraba: ‘¡Pero qué horror, hija, las cosas que leés!’. Lo único que cada tanto las arrima es Hubert Robert, y cuando eso ocurre, la brecha entre ustedes se acorta. Es un instante nomás, un fogonazo en el que ves la relación que habrían podido tener si las dos hubieran cedido un poco, si a las dos no se las hubiera tragado el personaje. Pero, a esta altura, difícil que haya marcha atrás. Para ella serás siempre alguien que desperdició su suerte, la zurdita paqueta que vive como paria. Cuando te hace enojar le decís que te gusta vivir así, en tierra de nadie, y que con las astillas de sus muebles algún día construirás tu casa.”

 

(2016 – del cap. El encanto de las ruinas)

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Piedad con la burguesía, María, de Pedro Lemebel (fragmento)

“El auto se detuvo y al abrir la puerta, ahí estaba esperándome uno de Los Huasos Quincheros, los folcloristas de Pinochet. Casi me morí de la impresión. Adelante, me dijo el viejo firulo, estirándome la mano. Bienvenido, escritor. Entonces, sin responderle el saludo, me vi en el apuro de improvisar un repentino vahído, un malestar, un asco estomacal, que el vómito venía, María. Dónde hay un baño, por favor, le dije al Quinchero pálida con ojos de náusea. Estoy enfermo, siento que me desmayo; permiso, agregué, entrando al baño conducido por una azafata bronceada. Allí dejé pasar unos minutos, me mojé la cara, me ordené la peluca y abrí la puerta con otro rostro. Lo que tenía que hacer era tratar de no salir en las fotos con esa derecha colchagüina, Ernestina. Aparecer con ese personaje era un suicidio político. Y pa’ más recachas, el viejo era súper cordial, preguntándome: ¿Cómo se siente, se recuperó?; el público lo está esperando, ¿ya podemos pasar para tomarnos las fotos? Entonces, qué hacía, María. Cómo me la sacaba, ya estaba allí, no podía salir huyendo. Mire, le dije al huaso pituco, usted como artista sabe de estas cosas, es mejor que salga solo y me anuncie, y después salgo al escenario. Perfecto, Pedro, tiene razón, así le damos un aire de espectáculo a esto. Y así pude evitar la foto junto a este fiambre fascistón.”

 

(de Serenata cafiola – 2008)

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Informe para una academia, de Franz Kafka (fragmento)

“Pero entonces no pensaba en todo esto. Por primera vez en mi vida me encontaba sin salida; por lo menos no la había directa. Justo ante mí estaba el cajón con sus tablas bien unidas. Había, sin embargo, una hendidura entre las tablas. Al descubrirla por primera vez la saludé con el aullido dichoso de la ignorancia. Pero esa rendija era tan estrecha que ni siquiera podía sacar por ella la cola y ni con toda la fuerza simiesca me era posible ensancharla.

Si de un vistazo examino mi evolución y lo que fue su objetivo hasta ahora, ni me arrepiento de ella, ni me doy por satisfecho. Con las manosen los bolsillos del pantalón, con la botella de vino sobre la mesa, recostado o sentado a medias en la mecedora, miro por la ventana. Si llegan visitas, las recibo correctamente. Mi empresario está sentado en la antecámara: si toco el timbre, se presenta y escucha lo que tengo que decirle. Por las noches casi siempre hay función y obtengo éxitos ya apenas superables. Y si al salir de los banquetes, de las sociedades científicas o de las agradables reuniones entre amigos, llego a casa a altas horas de la noche, allí me espera una pequeña y semiamaestrada chimpancé con quien, a la manera simiesca, lo paso muy bien. De día no quiero verla pues tene en la mirada esa demencia del animal alterado por el adiestramiento; eso únicamente yo lo percibo, y no puedo soportarlo.”

 

(de Cuentos fantásticos – 2017)

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Poderoso caballero, de Daniel Matamala (fragmento)

“La democracia chilena pasó el último cuarto de siglo desarmando los amarres más violentos de la transición, y a la vez privilegiando el combate a la miseria a través del crecimiento económico. Ese esfuerzo construyó un país mucho mejor que el que teníamos en 1990. No hay duda de ello. Pero en esa urgencia se descuidó la legislación para tener una mejor democracia y mercados más competitivos, se impulsaron políticas públicas que favorecen a quienes concentran riqueza por sobre los ciudadanos comunes, y se obvió la importancia de la transparencia y las reglas claras en la relación con el poder económico.

Los hecho tienen protagonistas, y estos por cierto son responsables de sus actuaciones individuales. Pero, más que apuntar con el dedo a alguien en particular, el espíritu de esta investigación ha sido desentrañar las mecánicas de la relación entre poder económico y poder político en nuestro país. Creo firmemente que develar esos circuitos de poder, que operan ocultos a la ciudadanía, es una contribución necesaria para, a partir de lo ya avanzado, construir un Chile más democrático.”

 

(de Nota del autor – 2015)

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El proceso, de Franz Kafka (fragmento)

“Entonces K. se sintió liberado de toda vergüenza. Era necesario redactar la demanda. Si durante su trabajo en el banco carecía de tiempo -lo que era casi seguro-, la escribiría en su casa por la noche. Si el tiempo tampoco le alcanzaba ahí, solicitaría un permiso en la oficina. Era imprescindible poner manos a la obra, pues el peor sistema en los negocios y en todo lo demás era dejar las cosas a media. Bien es verdad que la demanda implicaba un trabajo casi infinito. Sin que fuera muy aventurado, se podía decir que sería imposible darla por terminada alguna vez. No por abulia o por cálculos -estos argumentos sólo podría hacerlos el señor Huld-, sino porque K. no tenía idea de qué era acusado, y debería pasar revista minuciosa a toda su vida, explicarla y debatirla en todos sus aspectos.”

 

(1925, edición póstuma)

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Escritos de un viejo indecente, de Charles Bukowski (fragmento)

“este asunto del sexo confunde incluso al gran Bukowski. recuerdo una noche que estaba sentado en un bar justo al oeste de uno de aquellos túneles del centro de la ciudad. vivía yo entonces en una habitación que quedaba justo a la vuelta de la esquina, a media cuesta. en fin, yo estoy sentado allí, bien colocado, y, demonios, pienso que soy joven y duro y puedo plantar cara a cualquiera que busque follón. deseo incluso gente que quiera follón, pues aún la vida es tan nueva para mí, digamos que tengo veintidós, veintitrés años, que soy una especie de tonto del culo romántico; la vida me parece vagamente interesante en vez de concretamente aterradora. así que pasa un rato y entonces miro a mi alrededor… ando mezclando bebidas… quiero decir tomando distintas cosas, vino, cerveza… estoy intentando liquidarme pero nada resulta y no ha llegado Dios.

luego vuelvo a echar un vistazo y veo allí a un tipo muy triste y bello de muchachita (unos diecisiete) sentado junto a mí. tiene ese pelo largo y rubio (siempre he sido blando con esos tipos de pelo largo, quiero decir cuando el pelo llega hasta el culo y agarras pelo, mechones de él mientras actúas, y la cosa resulta así bastante sinfónica en vez de la misma mierda de siempre), y es muy calmada, mucho, casi santa, oh, pero es una PUTA, y junto a ella está la protectora, la madame lesbiana y ellas prefirirían NO, sabes, pero necesitan el dinero, me enzarcé con ella enconversación más bien por mi lóbulo cerebral izquierdo. estoy seguro de que les parecía absurdo, pero no importaba, sabes: necesitaban la pasta. pedí bebidas.”

 

(1969)

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Ser como ellos y otros artículos, de Eduardo Galeano (fragmento)

“Cuando era niño, mi abuela me contó la fábula de los ciegos y el elefante.

Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo:

-Es una cuerda.

Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó:

-Es una columna.

Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó:

-Es una pared.

Así estamos ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura dominante, cultura del desvínculo, rompe la historia pasada como rompe la realidad presente; y prohíbe armar el rompecabezas.”

 

(de El elefante – 1992)

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