Ñi pewma mew vlkantunmu ti puel mapu witrunko, de Elicura Chihuailaf

Choñv kachuwvn
gvnetulmekefiel ti mawvn
ka pvrvm wamfiñ ti pvlef
chi mawvn
witrulu lelfvn mew
Gvforechi mu ti mawvn!
allkvtuwvn, puru purugen
ti rayen mu
Nepeli fey ayiwkvlen witrañ
pvramuwan
nvwkvlean feyti kvme nvmvn
lafanza rayen mu.

(Marchito pasto soy
haciendo señales
a la lluvia
mas luego siento
las primeras gotas
que caen sobre el campo
¡Que me moje esta agua!
me oigo decir, bailando
entre las flores
Al despertar me elevaré
emocionado
sosteniéndome en el aroma
de una lavanda.)

 

(Sueños azules y contrasueños – 1995)

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Amargura para tres sonámbulos, Gabriel García Márquez (fragmento)

“Éramos adultos desde antes, desde mucho tiempo atrás. Ella era, sin embargo, la mayor de la casa. Esa misma noche había podido estar allí, sentada con nosotros, sintiendo el templado pulso de las estrellas, rodeada de hijos sanos. Habría sido la señora respetable de la casa si hubiera sido esposa de un buen burgués o concubina de un hombre puntual. Pero se acostumbró a vivir en una sola dimensión, como la línea recta, acaso para que sus vicios o sus virtudes no pudieran conocerse de perfil. Desde varios atrás ya lo sabíamos todo. Ni siquiera nos sorprendimos una mañana, después de levantados, cuando la encontramos boca abajo en el patio, mordiendo la tierra en una dura actitud estática. Alguien nos dijo que estaba muerta; que había caído desde la ventana del segundo piso hasta la dura arcilla del patio, y había quedado allí, tiesa y concreta, de bruces al barro húmedo. Pero después supimos que lo único que conservaba intacto era el medio a las distancias, el natural espanto frente al vacío. La levantamos por los hombros. No estaba dura como nos pareció al principio. Al contrario, tenía los órganos sueltos, desasidos de la voluntad, como un muerto tibio que no hubiera empezado a endurecerse.”

 

(1949 – antología Ojos de perro azul)

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Las olas, de Virginia Woolf (fragmento)

“-Se han ido -dijo Louis-. Estoy solo. Han entrado en casa a desayunarse, me he quedado de pie junto a la tapia, entre las flores. Es muy temprano, es antes de las clases. Apunta una flor tras otra en la espesura verde. Los pétalos son arlequines. Las flores nadan como peces de luz sobre las aguas oscuras de color verde. Tengo un tallo en la mano. Soy el tallo. Mis raíces se hunden en las profundidades del mundo, a través de la tierra seca como barro cocido, de la tierra húmeda, a través de las vetas de plomo y plata. Soy todo fibra. Me sacuden todos los temblores, el peso de la tierra me oprime las costillas. Aquí arriba mis ojos son verdes hojas, ciegos…”

 

(1931)

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Crónicas marcianas, de Ray Bradbury (fragmento)

“Los cohetes incendiaron las rocosas praderas, transformaron la piedra en lava, la pradera en carbón, el agua en vapor, la arena y la sílice en un vidrio verde que reflejaba y multiplicaba la invasión, como espejos hechos trizas. Los cohetes vinieron redoblando como tambores en la noche. Los cohetes vinieron como langostas y se posaron como enjambres envueltos en rosadas flores de humo. Y de los cohetes salieron de prisa los hombres armados de martillos, con las bocas orladas de clavos como animales feroces de dientes de acero, y dispuestos a dar a aquel mundo extraño una forma familiar, dispuestos a derribar todo lo insólito, escupieron los clavos en las manos activas, levantaron a martillazos las casas de madera, clavaron rápidamente los techos que suprimían el imponente cielo estrellado e instalaron unas persianas verdes que ocultarían la noche. Y cuando los carpinteros terminaron su trabajo, llegaron las mujeres con tiestos de flores y telas de algodón y cacerolas, y el ruido de las vajillas cubrió el silencio de Marte, que esperaba detrás de puertas y ventanas.”

 

(Las langostas, febrero de 2002 – 1950)

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Sueño de invierno, de Arthur Rimbaud

A Ella.

En invierno nos iremos en un pequeño vagón rosa

con almohadas azules.

Estaremos bien. Un nido de feroces besos descansa

en cada rincón amable.

Cerrarás bien tus ojos para no ver tras los cristales

las muecas de las sombras nocturnas:

monstruos rabiosos, vano populacho

de lobos y demonios sombríos.

Después sentirás tu mejilla arañadita…

Un pequeño beso, como una arañita loca

te bajará por el cuello.

Y reclinando la cabeza me dirás: “busca bien”.

-Y pasaremos el tiempo buscando el bichito

-Que sube y baja por doquier…

Rêvê pour l’Hiver

A Elle.

L’hiver, nous irons dans un petit wagon rose
Avec des coussins bleus.
Nous serons bien. Un nid de baisers fous repose
Dans chaque coin moelleux.

Tu fermeras l’oeil, pour ne point voir, par la glace,
Grimacer les ombres des soirs,
Ces monstruosités hargneuses, populace
De démons noirs et de loups noirs.

Puis tu te sentiras la joue égratignée…
Un petit baiser, comme une folle araignée,
Te courra par le cou…

Et tu me diras : » Cherche ! » en inclinant la tête,
– Et nous prendrons du temps à trouver cette bête
– Qui voyage beaucoup…

(1870)

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4 de septiembre de 1970: Salvador Allende, presidente

“…  y que esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante cuando tengamos que poner más pasión y más cariño para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra Patria”.

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Sensatez y sentimientos, de Jane Austen (fragmento)

“Preocupaba a Elinor la excesiva sensibilidad de su hermana, la misma que la señora Dashwood valoraba y apreciaba. En las actuales circunstancias, una a otra se incitaban a vivir su aflicción sin permitir que amainara su violencia. Voluntariamente renovaban, buscaban, recreaban una y otra vez la agonía de pesadumbre que las había abrumado en un comienzo. Se entregaban por completo a su pena, buscando aumentar su desdicha en cada imagen capaz de reflejarla, y decidieron jamás admitir consuelo en el futuro. También Elinor estaba profundamente afligida, pero aún podía luchar, y esforzarse…”

 

(1811)

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