La mala hora, de Gabriel García Márquez (fragmento)

“En la primera tregua de la lluvia, al amanecer del lunes, el pueblo necesitó varias horas para restablecerse. Temprano se abrieron el salón de billar y la peluquería, pero la mayoría de las casas permanecieron cerradas hasta las once. El señor Carmichael fue el primero a quien se ofreció la oportunidad de estremecerse ante el espectáculo de los hombres transportando sus casas hacia terrenos más altos. Grupos bulliciosos habían desenterrado los horcones y trasladaban enteras las escuetas habitaciones de bahareque y techos de palma.

Refugiado en el alar de la peluquería, con el paraguas abierto, el señor Carmichael contemplaba la laboriosa maniobra cuando el barbero lo sacó de su abstracción.

-Han debido esperar a que escampara- dijo el barbero.

-No escampará en dos días- dijo el señor Carmichael, y cerró el paraguas-. Me lo están diciendo los callos.”

 

(1962)

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¿Eres tú?

No sabe cómo llegó allí. La habitación es alegre, luminosa, llena de música… ¿Eres tú?, preguntan sus ojos a la sonrisa que se le aproxima, pero el “¡Hola, prima!” la paraliza y le impide avanzar. ¿Prima…? De pronto se halla contemplando el mar desde una roca. Siente miedo cuando ve al niño internarse en el agua, pero de pronto el pequeño da un giro y le sonríe desde lejos. ¿Tú…? El océano ha desaparecido mientras el tren arriba a la estación. Lo ve descender y buscarle con la mirada. Una certeza se instala en su pensamiento: Eres tú… En cada vida siempre serás tú. Abre los ojos y, aunque la noche aún no acaba, sabe que es cuestión de tiempo para que el sol asome.

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La peste, de Albert Camus (fragmento)

“Por eso me he decidido a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, por buenas o malas razones, haga morir o justifique que se haga morir.

Por esto es por lo que no he tenido nada que aprender con esta epidemia, si no es que tengo que combatirla al lado de usted. Yo sé a ciencia cierta (sí, Rieux, yo lo sé todo en la vida, ya lo está usted viendo) que cada uno lleva en sí mismo la peste, porque nadie, nadie en el mundo está indemne de ella. Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección. Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son el resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca. El homre íntegro, el que no infecta a casi nadie es el que tiene el menor número posible de distracciones. ¡Y hace falta tal voluntad y tal tensión para no distraerse jamás! Sí, Rieux, cansa mucho ser un pestífero. Pero cansa más no serlo. Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran un poco pestíferos. Y por eso, sobre todo, los que quieren dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarlos de él más que la muerte.”

 

(1947)

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Sueños de robot, de Isaac Asimov (fragmento)

“-Elvex, ¿me oyes?

-Sí, doctora Calvin-, respondió el robot.

-¿Continuó tu sueño? Dijiste antes que los seres humanos no aparecían al principio. ¿Quiere eso decir que aparecieron después?

-Sí, doctora Calvin. Me pareció, en mi sueño, que eventualmente aparecía un hombre.

-¿Un hombre? ¿No un robot?

-Sí, doctora Calvin. Y el hombre dijo: “¡Deja libre a mi gente!”.

-¿Eso dijo el hombre?

-Sí, doctora Calvin.

-Y cuando dijo “deja libre a mi gente”, ¿por las palabras “mi gente” se refería a los robots?

-Sí, doctora Calvin. Así ocurría en mi sueño.

-¿Y supiste quién era el hombre…, en tu sueño?

-Sí, doctora Calvin. Conocía al hombre.

-¿Quién era?

Y Elvex dijo:

-Yo era el hombre.

Susan Calvin alzó al instante su arma de electrones y disparó y Elvex dejó de ser.”

 

(1986)

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El fin de la Eternidad, de Isaac Asimov (fragmento)

“… Es posible que la teoría de la Eternidad aún no esté lo suficientemente desarrollada. Porque la barrera estaba allí. Alguien la había colocado. Alguien o algo. Desde luego -continuó Harlan, pensativo-, Twissell se equivocó en algunos puntos. Él creía que el hombre debe evolucionar, pero eso no es cierto. La Paleontología es una de las ciencias que no interesan a los Eternos, pero interesaba a los últimos Primitivos, y por eso yo sé algo de ella. Sé esto: las especies evolucionan únicamente para adaptarse a las necesidades de un nuevo ambiente. En un ambiente estable, una especie puede conservarse sin evolucionar durante millones de Siglos. El Hombre Primitivo evolucionó rápidamente, porque vivía en un ambiente imprevisible y duro. Pero cuando la Humanidad aprendió a crearse su propio ambiente, se envolvió en uno de su propia creación, confortable y estable. Naturalmente, dejó de evolucionar.”

 

(1995)

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Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez (fragmento)

“A quien me lo pregunta le contesto siempre con la verdad: las putas no me dejaron tiempo para ser casado. Sin embargo, debo reconocer que nunca tuve esta explicación hasta el día de mis noventa años, cuando salí de la casa de Rosa Cabarcas con la determinación de nunca más provocar al destino. Me sentía otro. El genio se me trastornó por la gente de tropa que vi apostada en las rejas de hierro que rodeaban el parque. Encontré a Daminana trapeando los pisos, a gatas en la sala, y la juventud de los muslos a su edad me suscitó un templor de otra época. Ella debió sentirlo porque se cubrió con la falda. No pude reprimir la tentación de preguntarle: Dígame una cosa, Damiana, ¿de qué se acuerda? No estaba acordándome de nada, dijo ella, pero su pregunta me lo recuerda. Sentí una opresión en el pecho. Nunca me he enamorado, le dije. Ella replicó en el acto: Yo sí. Y terminó sin interrumpir su oficio: Lloré veintidós años por usted. El corazón me dio un salto. Buscando una salida digna, le dije: Hubiéramos sido una buena yunta. Pues hace mal en decírmelo ahora, dijo ella, porque ya no me sirve ni de consuelo. Cuando salía de la casa, me dijo del modo más natural: Usted no me creerá, pero sigo siendo virgen, a Dios gracias.”

 

(2004)

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Mudanza, de Alejandro Zambra (fragmento)

“Mientras cae no la noche pero algo plomizo

despunta: un brote subterráneo,

un esfuerzo abdominal, no hay

mayores disgresiones en la

prosa esta mañana, es ahora cuando cruzo

sin sonido

los umbrales, los pasillos

interiores, las aldabas, los descansos

y las pausas. Ahora riego mi jardín

ciento por ciento a la espera de los brotes

infecciosos mientras tanto

bloquearán la cerradura por si acaso

alguien cambia sus iniciales, alguien deja

nuestras fiestas y se olvida sus renglones,

es ahora cuando empieza finalmente

el desfile de esos rostros que no actuaron,

no dijeron ni sus líneas

ni dejaron sus abrigos en custodia

y es por eso que ahora invento

con sus rasgos otras pausas y otras

voces distendidas que comentan en

silencio que preguntan cuál entonces

es la idea:…”

 

(2003)

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