Si atraviesas las estaciones
conservando en tus manos hechas cántaro
la lluvia de la infancia que debíamos compartir,
nos reuniremos en el lugar
en donde los sueños corren jubilosos
como ovejas liberadas del corral
y en donde brillará sobre nosotros
la estrella que nos fuera prometida.
que te lleva un jinete de lluvia
por caminos acostumbrados a la lluvia.
en estas horas monótonas como ronroneos de gato.
He vuelto a la casa que conserva las cenizas
que hacen renacer a los fantasmas que odio.
Alguna vez salí al patio a decirles a los conejos
que el amor había muerto.
Aquí no debo recordar a nadie,
aquí debo olvidar la colina de los aromos
porque la mano que cortó aromos
ahora cava una fosa.
En el techo de la casa vecina
se pudre una pelota de trapo
dejada allí por un niño muerto.
Entre las tablas del cerco me miran rostros
que creía olvidados,
y mi amigo espera en vano que en el río
centellee su buena estrella.
con la lluvia de la infancia
en tus manos hechas cántaro
En el invierno nos reunirá el fuego
que encenderemos juntos.
Nuestros cuerpos harán las noches tibias
como el aliento de los bueyes,
y al despertar veré que el pan sobre la mesa
tiene un resplandor más grande que el de los planetas enemigos
cuando lo partan tus manos de adolescente.
que te lleva un jinete de lluvia
por caminos acostumbrados a la lluvia.
Carta de lluvia
Poeta chileno Jorge Teillier
“Hay muchas maneras de leer y muchos espacios
donde ejecutar la lectura, pero la mejor de todas ellas y de todos ellos
es la posición horizontal, la noche, el otoño, o el invierno,
a todo lo cual hay que agregar una copa de vino blanco, y la lluvia”.
Poeta chileno Miguel Arteche
Premio Nacional de Literatura (Chile), 1996
Llueve, llueve sobre Valdivia,
llueve sobre los bosques,
sobre los techos rojos,
mojando la madera
de la casa natal.
Llueve, llueve allá en Curiñanco,
la señora María
-mate con sopaipillas-
me cuenta su alegría
y sus penas de mar.
Llueve, llueve y yo aquí en Collico
esperando el día en que el sol
venga a mi puerta a conversar.
Llueve, llueve y en Angachilla
los niños van jugando con el barro
de nuestra población…
haciendo el pan.
Llueve, llueve Antilhue en la espera
del tren con los parientes
que en cada primavera
llegan con su aguardiente
desde la capital.
Llueve, llueve en calle Picarte
y los suplementeros
van corriendo ligero
mostrando al presidente
hablando allá en Coihaique.
Llueve, llueve y los alemanes
van a comprar pescado
los viernes en el mercado fluvial.
Llueve, llueve y el Calle-Calle
habla y habla en silencio,
llevándose a los muertos
hacia el mar…
a navegar.
Llueve, llueve y mi cigarrillo
solo se ha consumido
sin poderlo fumar…
Lluvias del sur, Schwenke & Nilo (letra de Clemente Riedemann)
La primera lluvia del año moja las calles,
abre el aire,
humedece mi sangre.
¡Me siento tan a gusto y tan triste, Tarumba,
viendo caer el agua desde quién sabe,
sobre tantos y tanto!
Ayúdame a mirar sin llorar,
ayúdame a llover yo mismo sobre mi corazón
para que crezca como la planta del chayote,
como la yerbabuena.
¡Amo tanto la luz adolescente
de esta mañana
y su tierna humedad!
¡Ayúdame, Tarumba, a no morirme,
a que el viento no desate mis hojas
ni me arranque de esta tierra alegre!
Poeta mexicano Jaime Sabines
La primera lluvia del año (Tarumba, 1956)
Precioso, además de ser una verdad como un templo: cualquier gran aficionado a la lectura estaría de acuerdo con tan sabias palabras. La lectura…
No conocía a este poeta y tan bellos versos, dedicados a la intimidad de la lectura.
Muchas gracias por rescatarlos del papel y hacerlos llegar!!
Hola, hermosa cita de Arteche, pudo solo descubrirlo a solas con la noche estrellada, tomando una copa de vino, ensimismado en la ventana, viendo escurrir sigilosas los hijos furtivos de la lluvia. Saludos.
Te devuelvo la visita y te ofrezco un presente: otro poema de Dù Fû.
ANOCHECER EN EL AGUA
Deslizándote, rozas el agua en la dulzura del oscurecer.
Este viento, que apenas pasa, hace venir lentas ondas.
Por los lejanos bambúes suben a lo alto humos,
desde los tejados de los que no viajan nunca.
Y los nenúfares que podemos alcanzar en torno
están más puros en esta hora de regreso de la frescura.
El agua está fría: creeríais que se hiela,
cuando la rozan los dedos, juveniles cortejadores.
Como nieve, nos deslumbran los nelumbos temblando:
aves zancudas los arrancan, bellas damas a ras de agua.
Pero un negro nublado acude a acabar la fiesta.
¿Qué te inspira el canto, oh lluvia, de nuestra juventud?
¿Celos, fatiga?
(versión indirecta de José Mª Valverde)
Un saludo y felicidades por el blog